El tamaño de la herida

Las noches de invierno tienen
Un influjo exagerado
Ese viento frío de la noche

que evoca los troncos sin hojas
Los corazones a la intemperie donde cada uno lleva su fardo
Su caza de lamentos y triunfos,
Y la apertura de la armadura. Un momento de descuido donde la herida brota con su corte antigua de gusanos.
En el aire frío de la noche se dibuja la silueta de la congoja.
El grito , sí, ese que no se ha borrado, que emerge cuando menos lo esperas, cuando te muerde ese páramo donde estás frente a tu esqueleto
El limbo de la lágrima y entonces recuerdas: cuánto tiempo has estado el fantasma de la desolación usándote , dirigiendo tus pasos y tu saliva exhausta donde ya no brotan  aceros brillantes sino tus hilachas .

Contémplalas con respeto ahí están para recordarte que eres humana 

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